El último Maradona

Cuando a diego le cortaron las piernas

2014

Año

Aguilar

Editorial

Prólogo

El día que conocimos la efedrina

Diego Armando Maradona avanza agarrado de una mujer vestida de enfermera, una rubia de la que todavía no sospechamos, como todavía no sospechamos que el héroe del fútbol ha jugado ese día su último partido con la selección. La imagen se repite cada tanto en la televisión. Es un momento que recordamos con desconsuelo y, sin embargo, vemos euforia: Maradona camina riéndose, sacudiendo una toalla blanca con la mano derecha y mostrando cómo toma con la izquierda a la rubia. Maradona festeja su regreso épico pero también es un hombre que va, sin saberlo, hacia la guillotina.

La otra imagen del dóping de Maradona en el Mundial de Estados Unidos es un balbuceo frente a la cámara, ese hilo de voz que se desgarra —y desgarra a millones— cuando lanza sus palabras más dolorosas: “Me cortaron las piernas”. Un epitafio a la altura del hombre de las grandes frases.

Al margen de los hechos trágicos que costaron vidas —como los 71 asfixiados en la Puerta 12 del Monumental, el 23 de junio de 1968 después de un River-Boca, o cada uno de los centenares de víctimas por hechos de violencia—, el jueves 30 de junio de 1994 fue la jornada más triste del fútbol argentino. El anuncio de la expulsión de Maradona del Mundial 94 se siguió en la televisión como el final de una serie y se lloró en las calles como la muerte de un personaje célebre.

En un deporte en el cual la identificación entre los hinchas y sus clubes avanzó en los últimos años hacia una relación simbiótica, muchos elegirán una final perdida o el descenso de su equipo como lo primero que evitarían si pudieran volver el tiempo atrás.

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